Detrás de cada estrategia de intervención social del Estado, existe
una concepción de la pobreza y de la exclusión (léase también de
los derechos de las mujeres y de los niños y niñas), de sus causas y
consecuencias sociales. En este sentido, los problemas que atraviesa
la población infantil más vulnerable y sus familias son interpretados
de múltiples y, a veces, contradictorias maneras por decisores y
técnicos del sector público y privado.
• Las investigaciones y evaluaciones sobre desarrollo infantil realizadas
(aunque escasas) parecen no constituir un asunto de interés para
quienes elaboran las políticas.
• Estas investigaciones y evaluaciones generalmente son de alta
sofisticación metodológica, y no se centran en “ideas claves” que
proyecten temas y modalidades de intervención en la agenda pública
e impacten en el pensamiento social e institucional.
• Existe poco desarrollo en el diseño y la operación de relevamientos
sencillos sobre creencias, pautas y prácticas de crianza. Este
conocimiento resulta indispensable a la hora de implementar
políticas con eje en las familias.
Al respecto, merece destacarse el tema de la evaluación como insumo
fundamental para el diseño y operación de políticas y programas, en términos
de procesos, resultados e impactos de las experiencias en las capacidades,
destrezas y prácticas de la población “beneficiaria” (sean niños,
niñas, familias, docentes y/o madres cuidadoras). Parecería que, además
de lo expresado anteriormente, no se han institucionalizado modalidades
evaluativas que permitan apreciar logros y dificultades en diferentes campos,
y/o que los instrumentos existentes no han sido difundidos y probados
suficientemente como para constituir un “corpus” metodológico e instrumental
validado.
Ello involucra también un problema de “comunicación” entre los actores
que han desarrollado y probado metodologías evaluativas en el área del
desarrollo infantil.
Otro tema instrumental que reviste importancia para tomar decisiones
sobre políticas y programas es el del dimensionamiento de los costos
de las estrategias adoptadas. Es evidente que existe una gran dificultad en
las áreas sociales públicas y privadas para definir claramente los costos
involucrados en los proyectos y experiencias de desarrollo infantil temprano.
Esta dificultad constituye un obstáculo importante para la colocación
del tema en la agenda pública, sobre todo teniendo en cuenta que
existen diversas “puertas de entrada” para trabajar con los niños, sus familias
y la comunidad y que el cálculo presupuestario es un requisito fundamental
para formular y evaluar políticas y programas.
Además, existe un importante vacío de información referido al costo
de estrategias no institucionales (trabajo con familias, tutorías familiares,
alfabetización con eje en crianza, extensión comunitaria, etcétera).
Falta de visibilidad social de la problemática
Más allá de la dimensión técnica (información, evaluación), que supone
que un “hecho social” sea reconocido como problema y trasladado a una
cuestión de Estado, el tema de la circulación de la información es crucial.
En efecto, tal como lo expresó el primer grupo de trabajo, si la diseminación
de la información queda limitada sólo a los especialistas en el tema y
no trasciende a la esfera pública, la temática en cuestión no será percibida
como un problema social.
Parecería que la “visibilidad social” está directamente ligada a la instalación
de la problemática del desarrollo infantil temprano en la agenda
política, como una “cuestión de Estado”. Y aquí el rol de la sociedad civil
es fundamental, dado que las políticas se ponen “en acto” cuando existen
ciudadanos organizados que las demandan y plantean alternativas en nombre
de derechos concebidos como “habilitadores” para la acción.
El paso de los “discursos” a la acción colectiva agregada (universidades,
técnicos de diversas instituciones, grupos de base comprometidos, etc.) es
una instancia ineludible para el debate social y la construcción de políticas
públicas.
En un esquema de responsabilidades compartidas entre el Estado (considerando
que éste tiene funciones indelegables) y la sociedad civil para
la promoción de políticas de desarrollo infantil con criterio universalista, la
función de rectoría es fundamental. Para concretar institucionalmente
esta función con amplia cobertura, es necesario descubrir la forma organizativa
más adecuada y efectiva (y menos burocrática), entendiendo que
eso no implica la creación de nuevas estructuras o unidades ejecutoras,
ya sean “supra” o “para-gubernamentales”.
Por tanto, es evidente que el tránsito desde la práctica hacia los temas de
política pública no se produce por mero voluntarismo, sino que implica
prerrequisitos ideológicos, políticos y técnicos, y una integración de las políticas
de desarrollo infantil al desarrollo económico y social de los países.
Continúa leyendo este artículo en:
http://www.unicef.org/argentina/spanish/Sistematizacion_final.pdf
“Denunciar el mundo"
"Ante tanta crueldad con víctimas sin poder de autorepresentación y que se desarrollan en estado de indefensión, trabajar por y con ellas significa denunciar el mundo” (Eduardo Bustelo Graffigna )
ANTES QUE ACABE EL DÍA, RECUERDA:
Que más de 30.000 niños morirán
Que los que se salven hoy, morirán mañana pues no tienen fuerza siquiera para abrir sus ojitos
Que millones gimen de dolor lesionados y quemados por la guerra
Que se les niega hasta la medicina básica para calmar su dolor
Que son violados, ultrajados, mutilados sistemáticamente
ANTES QUE ACABE EL DÍA, RECUERDA:
Que más de 30.000 niños morirán
Que los que se salven hoy, morirán mañana pues no tienen fuerza siquiera para abrir sus ojitos
Que millones gimen de dolor lesionados y quemados por la guerra
Que se les niega hasta la medicina básica para calmar su dolor
Que son violados, ultrajados, mutilados sistemáticamente
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lunes, 7 de abril de 2008
lunes, 25 de febrero de 2008
Memorias de un niño soldado
Ishmael Beah apenas había cumplido los 13 años cuando fue obligado por las fuerzas rebeldes de su país, en Sierra Leona, a integrarse al ejército clandestino. En Un largo camino (Del Nuevo Extremo), transforma en relato su trágica experiencia de tres años, en la que la devastadora realidad de la guerra arrasó con pueblos enteros, con su familia y, también, con su propia inocencia, hasta que tres años después lo rescató Unicef.
Los pueblos que capturábamos y convertíamos en base al avanzar y la selva donde dormíamos eran nuestro hogar. El pelotón era mi familia, el arma, mi forma de vida y protección, y la norma era matar o morir. La extensión de mis pensamientos no iba mucho más allá. Llevábamos más de dos años combatiendo y matar se había convertido en una actividad diaria. No sentía compasión por nadie. Mi infancia se había desvanecido sin enterarme, y era como si mi corazón se hubiera congelado. Sabía que el día y la noche iban y venían por la presencia de la luna y el sol, pero no tenía ni idea de si era domingo o viernes. Pensaba que mi vida era normal. Pero todo empezó a cambiar en las últimas semanas de enero de 1996. Tenía quince años. Salí una mañana con veinte miembros de mi pelotón hacia Bauya, una ciudad pequeña a un día de camino al sur de donde estábamos, para conseguir munición. También iban mis amigos Alhaji y Kanei. Estábamos ilusionados porque veríamos a Jumah, que estaba allí acantonado. Queríamos oír sus anécdotas de guerra, saber a cuántos había matado. También me apetecía ver al teniente. Esperaba que tuviéramos tiempo para hablar de Shakespeare. Caminamos en dos hileras a los lados de un sendero polvoriento, mirando hacia los espesos matorrales con los ojos inyectados en sangre. Llegamos a las afueras de Bauya al atardecer y esperamos en la maleza a que el jefe se adelantara para que nuestros colegas no dispararan. Nos apoyamos en los árboles y observamos el sendero. El comandante volvió unos minutos después y nos indicó que fuéramos a la ciudad. Me guardé la pistola en la funda y caminé con Kanei y Alhaji hacia la base. Las casas de cemento de la ciudad eran más grandes que las que había visto en otros pueblos, y por todas partes sólo veíamos caras desconocidas. Saludamos con la cabeza a los soldados al pasar y buscamos a Jumah. Lo encontramos sentado en una hamaca del porche de una casa de cemento que daba a la selva. Tenía un arma semiautomática al lado y parecía sumido en sus pensamientos. Nos acercamos lentamente, pero antes de que pudiéramos asustarlo, oyó nuestros pasos y se volvió. Su cara parecía haber envejecido y ya no asentía con la cabeza cuando hablaba. Le estrechamos la mano y examinamos su arma. -Veo que vas por ahí con armas pesadas -bromeó Alhaji. -Bueno, ya ven, he superado los AK -contestó él, y nos reímos. Le dijimos que volveríamos a estar con él al cabo de unos minutos y fuimos a cargar las bolsas de munición y comida. Mientras estábamos en el arsenal, el comandante nos dijo que el teniente había ordenado pasar allí la noche y que la cena estaba preparada. Yo no tenía hambre, así que volví solo a ver a Jumah mientras Kanei y Alhaji se iban a comer. Nos quedamos un rato en silencio al principio. -Mañana por la mañana salgo a una incursión y es posible que no volvamos a vernos. -Calló, rozó con el dedo la ametralladora y siguió : -Maté al dueño de esta arma en nuestra última incursión. Abatió a muchos de los nuestros hasta que lo matamos a él. Desde entonces la he usado para hacer bastante daño.
Fuente: La Nación, Enfoques, 24 de febrero de 2008
Comentario: Quiero felicitar a la Asociación ADHOCS que colaboró con nuestro equipo en la presentación sobre los derechos humanos en la Infancia y la Adolescencia, el 3 y 4 de diciembre de 2007 en Madrid. Cuauhtemoc Esquivel director de la ADHOCS www.adhocs.net presentó en esa instancia un excelente video sobre los niños soldado en África que refleja la situación de estos niños que prestamente son inducidos a las drogas y a la violencia privandolos de un desarrollo y de un futuro digno.
Giselle Zarlenga
Los pueblos que capturábamos y convertíamos en base al avanzar y la selva donde dormíamos eran nuestro hogar. El pelotón era mi familia, el arma, mi forma de vida y protección, y la norma era matar o morir. La extensión de mis pensamientos no iba mucho más allá. Llevábamos más de dos años combatiendo y matar se había convertido en una actividad diaria. No sentía compasión por nadie. Mi infancia se había desvanecido sin enterarme, y era como si mi corazón se hubiera congelado. Sabía que el día y la noche iban y venían por la presencia de la luna y el sol, pero no tenía ni idea de si era domingo o viernes. Pensaba que mi vida era normal. Pero todo empezó a cambiar en las últimas semanas de enero de 1996. Tenía quince años. Salí una mañana con veinte miembros de mi pelotón hacia Bauya, una ciudad pequeña a un día de camino al sur de donde estábamos, para conseguir munición. También iban mis amigos Alhaji y Kanei. Estábamos ilusionados porque veríamos a Jumah, que estaba allí acantonado. Queríamos oír sus anécdotas de guerra, saber a cuántos había matado. También me apetecía ver al teniente. Esperaba que tuviéramos tiempo para hablar de Shakespeare. Caminamos en dos hileras a los lados de un sendero polvoriento, mirando hacia los espesos matorrales con los ojos inyectados en sangre. Llegamos a las afueras de Bauya al atardecer y esperamos en la maleza a que el jefe se adelantara para que nuestros colegas no dispararan. Nos apoyamos en los árboles y observamos el sendero. El comandante volvió unos minutos después y nos indicó que fuéramos a la ciudad. Me guardé la pistola en la funda y caminé con Kanei y Alhaji hacia la base. Las casas de cemento de la ciudad eran más grandes que las que había visto en otros pueblos, y por todas partes sólo veíamos caras desconocidas. Saludamos con la cabeza a los soldados al pasar y buscamos a Jumah. Lo encontramos sentado en una hamaca del porche de una casa de cemento que daba a la selva. Tenía un arma semiautomática al lado y parecía sumido en sus pensamientos. Nos acercamos lentamente, pero antes de que pudiéramos asustarlo, oyó nuestros pasos y se volvió. Su cara parecía haber envejecido y ya no asentía con la cabeza cuando hablaba. Le estrechamos la mano y examinamos su arma. -Veo que vas por ahí con armas pesadas -bromeó Alhaji. -Bueno, ya ven, he superado los AK -contestó él, y nos reímos. Le dijimos que volveríamos a estar con él al cabo de unos minutos y fuimos a cargar las bolsas de munición y comida. Mientras estábamos en el arsenal, el comandante nos dijo que el teniente había ordenado pasar allí la noche y que la cena estaba preparada. Yo no tenía hambre, así que volví solo a ver a Jumah mientras Kanei y Alhaji se iban a comer. Nos quedamos un rato en silencio al principio. -Mañana por la mañana salgo a una incursión y es posible que no volvamos a vernos. -Calló, rozó con el dedo la ametralladora y siguió : -Maté al dueño de esta arma en nuestra última incursión. Abatió a muchos de los nuestros hasta que lo matamos a él. Desde entonces la he usado para hacer bastante daño.
Fuente: La Nación, Enfoques, 24 de febrero de 2008
Comentario: Quiero felicitar a la Asociación ADHOCS que colaboró con nuestro equipo en la presentación sobre los derechos humanos en la Infancia y la Adolescencia, el 3 y 4 de diciembre de 2007 en Madrid. Cuauhtemoc Esquivel director de la ADHOCS www.adhocs.net presentó en esa instancia un excelente video sobre los niños soldado en África que refleja la situación de estos niños que prestamente son inducidos a las drogas y a la violencia privandolos de un desarrollo y de un futuro digno.
Giselle Zarlenga
domingo, 16 de diciembre de 2007
UNIV. AUTÓNOMA DE MADRID - Derechos de la Infancia y la Adolescencia
El 3 y el 4 de diciembre últimos fuimos invitadas por la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) para realizar un taller sobre Derechos de la Infancia y la Adolescencia en su Campus de Canto Blanco, Facultad de Psicología y Economía. En el encuentro contamos con la asistencia de alumnos de diversas carreras aunque la mayoría seguía la rama de humanísticas. Se trabajó no solo con clases instructivas sobre las temáticas sino con material audiovisual como videos sobre el Trabajo Infantil con el tabaco o video conferencias con académicos de la Universidad Católica y de la Universidad del Salvador en Argentina.
Durante las jornadas de trabajo se buscó no solo la comprensión de las temáticas con definiciones y material estadístico sino que se orientó a los alumnos a desarrollar un proyecto piloto para solucionar distintos casos reales, provenientes de artículos periodisticos, de violación de los Derechos de los niños.
Deseamos agradecer a la UAM por esta oportunidad de participar en la Quinta Semana de la Solidaridad que el claustro organiza.
Durante las jornadas de trabajo se buscó no solo la comprensión de las temáticas con definiciones y material estadístico sino que se orientó a los alumnos a desarrollar un proyecto piloto para solucionar distintos casos reales, provenientes de artículos periodisticos, de violación de los Derechos de los niños.
Deseamos agradecer a la UAM por esta oportunidad de participar en la Quinta Semana de la Solidaridad que el claustro organiza.
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